London calling!

Ya sea por trabajo, ya por afición, Londres siempre me está llamando. Casi todos los años atiendo a su llamada y disfruto del color, el bullicio y la... luz de esa ciudad tan especial, tan compleja y tan acogedora a la vez. 

La deliciosa tarta Pavlova
Normalmente vuelo hasta Gatwick y allí tomo el tren que lleva directamente a la ciudad, a la Estación Victoria, otro lugar imprescindible, en el que suelo parar un ratito para mi obligada visita a "Paperchase", una cadena de papelería llena de primores.

Trafalgar Square
En esta ocasión, después de resolver algunas cuestiones prioritarias, pude escaparme a visitar a mi gran amiga face painter Glyn Goodwin, con la que pasé un día entero, alucinando de nuevo con su deliciosa tarta Pavlova, pintando y riendo también, como siempre.

Glyn vive y pinta en Harpenden, un pequeño pueblo al norte de Londres, muy cerca de Luton. Tienes un tren directo hasta allí, que puedes coger en St. Pancras, lo que parece una estación de tren y metro, que lo es, pero que, por momentos, más parece un centro comercial. Allí también encuentras un "Paperchase", alguna tienda de comida, docenas de ropa y un batallón de gente corriendo de un lado a otro, en busca de los trenes regionales, los internacionales y un buen puñado de líneas de metro. 

Llueve en Harpenden
El día completo que pasé con Glyn transcurrió lloviendo. Llegas a casa, después de almorzar en el centro, y empieza llover, ya no para. Amanece al día siguiente y sigue lloviendo. Así aprendí a tolerar la lluvia hace unos años: soportando el agua que pudo caerme encima mientras iba andando desde Russell Square hasta Candem Town, sin paraguas, por supuesto :) 

Glyn y yo teníamos planes de painting, también de charla amena con Nina, buena amiga de Glyn, un torbellino de energía y buen humor, un placer volver a coincidir con ella. A ver si tengo un poquito de suerte y os puedo contar pronto un poco más del plan que teníamos entre manos...

Almuerzo "inglés" o eso pensé :)
Volví a Londres al día siguiente, sería media mañana. Antes de subir al hotel no me pude resistir y compré un típico almuerzo inglés... ¡o eso me pareció a mí, claro!. Delicioso, con el primer Superman en la tele y el sol colándose por la ventana de la habitación. Estaba muy cansada, entre pitos y flautas, para qué negarlo, ¿pero quién se queda en un hotel toda una tarde estando en Londres?, ¡yo no, desde luego!. 

Mi barrio favorito en Londres
Te cambias, bajas a la calle, pillas un bus y en diez minutos estás en mitad de Regent Street, esquivando gente y alucinando con los escaparates. Un paseo fresquito y salpicado de lluvia hasta Covent Garden, para ser exactos, hasta Charles Foxes of Covent Garden, ahora, según me dicen "Kryolan UK". No tengo mucho de Kryolan en mi kit, ciertamente, aunque Glyn sí que lo tiene y siempre me lo recomienda. También me ha parecido ver algunos aguacolores de esta marca en las clases de Marcela Bustamante, así que, después de patearme el barrio, acabé subiendo los tres escalones de la tienda y metiendo los dedos en los testers de los aguacolores, ¡son para llevárselos todos, madre mía!. 

Kryolan, Global y Cameleon
Finalmente, me decidí por tres colores que me llamaron especialmente la atención, por su viveza y por lo "usables" que serán, para Spiderman, princesas, mariposas... un celeste TK2, un fucsia R21 y un rojo 079. En esta visita también me he hecho con un par de colores más para líneas, que Glyn me había comprado: el "ink heart" de Cameleon (muy parecido, casi idéntico, al deep blue de Global) y el "magenta" de Global, espectacular y que me recuerda un poquito al "wilde orquid" de Paradise. Aquí os dejo unas pruebas.

Algunos recuerdos de la National Gallery
Avanzada la tarde, volví al hotel, después de sortear líneas de metro cortadas por obras y alguna manifestación contra la Unión Europea. Da igual, lo que sea por una visita a esta tienda, que es un dulce... 

Un día más y se agotó el tiempo en mi ciudad favorita, no sin antes dar una vuelta por Trafalgar Square y deleitarme en los pasillos de la National Gallery, un museo increíble, lleno de los clásicos que encontrabas en tu libro de Historia del Arte del instituto. Los clásicos se quedan en sus paredes, por supuesto, pero puedes traerte a casa un trocito de la gracia y el talento de los grandes genios allí recordados o, al menos, un "pincel- lápiz" o un "pincel-boli" con el que intentar emularlos... no será fácil pero, quién sabe, ¡todo es ponerse!.

Hasta el año que viene, Londres, espérame como tú eres: viva, lluviosa e imprevisible. 

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