¡Quiero una esponja!


Hoy toca hablar de nuestra gran amiga, la esponja. Algunos painters, tanto nacionales como extranjeros, unos con más fortuna que otros, introducen la esponja en el recipiente del agua, por completo, luego la sacan, la estrujan y toman con ella la pintura.

Este método para humedecer la esponja me resulta poco práctico, poco higiénico y bastante peligroso: puedes hacerlo con delicadeza, pero de todas formas, la esponja no termina mojada, termina ahogada sin opción a ser reanimada... por mucho cuidado que pongas al estrujarla, salpicas, te pringas las manos, la mesa, el agua merma a la velocidad de la luz... Vamos, todo un acierto en el mundo al revés.

Curiosamente, en el otro extremo, es fácil encontrar en la red, sobre todo en Youtube, algunos painters y empresas de animación que “enseñan” a realizar maquillaje al agua, aplastando la esponja desesperada e infructuosamente sobre la piel del pequeño, tras “rebozarla” en el aquacolor, secos, más secos los dos, la pintura y la esponja, que el desierto de Atacama.

Es recomendable encontrar el equilibrio que, dependiendo de la estación del año en la que nos encontremos (al menos aquí en Málaga), estará en aplicar un par de pulsaciones de agua sobre la pintura y también alguna sobre la esponja (temperatura ambiente más alta) o sólo sobre la pintura (temperatura ambiente más baja), por ejemplo, teniendo en cuenta, igualmente, que cada marca tiene su “sensibilidad” al frío, al calor y al agua.

La idea es tomar color con la esponja, absorber la pintura en esa toma de forma eficaz y, después, aplicarla a golpecitos sobre la piel del modelo, de manera que la esponja “escupa” la pintura que ha almacenado en la aplicación.

Normalmente no utilizo esponjas de maquillaje convencional, porque suelen ser muy densas, de poros pequeños, y no hay modo de que tomen bien la pintura y la “escupan” después. Las esponjas diseñadas para face painting son menos densas, de poros más grandes, fáciles de usar. Las encontramos más pequeñas (Snazaroo, por ejemplo), cuadradas (Grimas), naranjas, más grandecitas, un poco más recias, o verdes (blanditas y perfectas para mi gusto), éstas últimas, de otras marcas.

Afortunadamente, el precio suele ser bastante asequible en todos los casos, y además, no olvides que siempre puedes cortarlas por la mitad o incluso las esquinas, y así, adaptar su forma a tu gusto y tener más piezas para poder cumplir la norma básica de higiene “una esponja por cara”. 

En mi caso, una vez usada, la mando con el resto a mi bolsita de esponjas manchadas, para luego lavarlas debajo del grifo, preferiblemente bajo agua templada, dejarlas secar y aplicarles alcohol... ¡y ya están listas para el próximo evento!.






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