La princesa Daniela.


Ayer celebramos el quinto cumpleaños de Alejandra, hija de una buena amiga, pintacaras en ciernes. Según me dice su mamá, mis visitas a casa han surtido "efecto": Alejandra ha pintado las caritas de todas sus muñecas, adora las "Monster High" y le había dicho a sus papás que me invitaran a su fiesta de cumpleaños. Así que, ¡Pat Lawmakeup no podía rechazar semejante invitación!. Además, aprovechamos para pedirle a su mami leche para los Corazones Malagueños, de modo que tenemos 12 litros de leche a punto de estar donde deben.


Allí estaba yo, clavada a las 5 de la tarde en la puerta del parque de bolas "Colina Park" (Torremolinos), con mi kit, mis bambas de Hello Kitty y mi diadema con antenas, la viva imagen de la alegría... ¡y las ganas de pasármelo bomba! Alejandra me recibió con una linda sonrisa y una mirada cómplice, corrió al fondo del parque y volvió a la zona de las mesas para ayudarme a montar mi "chiringuito", acompañada de algunos primos y amigos.



Parque de bolas "Colina Park" (http://colinapark.com)
Así comenzó un "ratito corto" de dos horas en las que princesas, mariposas, Monster High, Angry Birds y tigres iban y venían, para un retoque, una joyita, un poco de purpurina, un "me lo han borrado, por favor, píntamelo de nuevo", segunda ronda... Alejandra, Lucía, Aitana, Adrián, Hugo, una segunda Lucía a la que había conocido en las Hispania el mes pasado... ¡el mundo es un pañuelo! Todos y cada uno de ellos, especialmente dulces y cariñosos, y ya son muchos los peques que he pintado, algunos los cumple en los que he estado... estos niños eran especiales. Y más especial la pequeña Daniela, también invitada por Alejandra.

Daniela llegó a media tarde, con los ojos llorosos y el semblante triste. Pude saber que venía de otro cumpleaños del que no quería marcharse. No tenía ganas de jugar ni de comer ni de pintarse. La saludé meneando las antenas, le pregunté su nombre y la invité a ser mi modelo. "¿Y esa carita? ¿por qué estás triste?" -le pregunté cuando, pocos minutos después, se sentó frente a mí. "Porque yo no quería venir... estaba en el cumple de mi prima, tenían un castillo inflable..." -dijo en voz baja y entrecortada. "¡Ay, reina mora, pero allí no estaba yo! Corazón, dime qué quieres ser".


Quiso ser una bonita mariposa... y luego, tras limpiarse, una preciosa princesa, y ya se quedó pegada a mí y me confesó que estaba muy contenta de haber venido y que se lo estaba pasando muy bien. 


Y así Daniela aprendió algo que todos deberíamos saber: a veces, muchas veces, algo no es tan malo como parece, los cambios que tanto tememos son una oportunidad para descubrir de qué estamos hechos, de qué somos capaces, quiénes queremos ser y cómo la felicidad es un estado de ánimo y no un estado de cosas... tú también puedes ser feliz, tanto como la preciosa princesa Daniela.



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